Valle de la Garcipollera

Alojamiento en el Valle de la Garcipollera

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Valle de la Garcipollera

Iglesia de Santa María de Iguacel

A escasos 8 kilómetros de Jaca, en la parte baja de Castiello, a la derecha de la carretera que conduce a Canfranc, tras cruzar las vías del tren, nace una pista que a través de aldeas abandonadas y frondosos bosques de pino, abeto y roble, nos adentrará en el mágico Valle de la Garcipollera (valle de las cebollas).

Sin duda se trata de un lugar especial, deshabitado desde los años sesenta se ha convertido en un paraje natural de excepcional belleza, salpicado de senderos para recorrer a pie, a caballo o en bicicleta, explorar las ruinas abandonadas, u observar toda la flora y fauna que nos brindan sus casi diez kilómetros de profundidad.

Encontraremos senderos marcados y lugares destinados a la observación de aves. Junto al río, en las choperas, es fácil ver oropéndolas, picapinos o carboneros. En los pinares veremos arrendajos, herrerillos o trepadores azules. Y por encima nuestro es muy común observar grandes rapaces como el milano o el alimoche. Debido a la alta densidad de ciervos, durante los meses de otoño es un lugar inmejorable para sentarse sobre una piedra con unos prismáticos y escuchar la berrea. Junto a ellos el valle sirve de refugio a un gran número de mamíferos como los jabalíes, ardillas, zorros o tejones.

Historia del Valle de la Garcipollera

Su recóndita ubicación sirvió de refugio a las comunidades cristianas durante la ocupación musulmana, a la vez que se convertía en un lugar clave para el nacimiento del condado de Aragón. Al fondo del valle encontramos la maravillosa ermita de Santa María de Iguacel, mandada construir por el conde Galindo en el siglo XI. Pero antes de llegar hasta aquí, pasaremos por las poblaciones, la mayoría abandonadas, de Bergosa, Yosa, Bescós, Acín, Villanovilla y Larrosa.

A mediados del siglo XI, el conde Sancho Galíndez mandó talar grandes masas de bosque en las orillas del río Ijuez, destinando estas parcelas a la agricultura. Suponemos que este hecho provocó el asentamiento de las poblaciones, ya que en esta época están fechadas también la mayoría de las iglesias que encontramos esparcidas por todo el valle.

Poco más tarde, el valle y sus habitantes son entregados al Monasterio de San Juan de la Peña, y con el paso de los siglos alterna periodos de señorío secular con otros de realengo, llegando incluso a establecerse la baronía de la Garcipollera.

En el año 1926, cuando el proceso migratorio ya había comenzado, el valle recibió la estocada de muerte con la aprobación de la construcción del Pantano de Yesa, a casi cuarenta kilómetros de distancia. La masiva tala de árboles en las laderas del monte a finales del siglo XIX para aumentar la producción agrícola, provocó el desprendimiento de sedimentos en el río Ijuez, que recorre todo el valle antes de desembocar en el río Aragón.

Ya en los años sesenta del pasado siglo XX, con la intención de evitar la colmatación del vaso del pantano se decidió expropiar los montes para llevar a cabo una intensiva plantación de pino. En 1963 se reintroduce el ciervo, pasando todo el valle a ser reserva de caza.

Santa María de Iguacel

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Villanovilla

Se trata del único pueblo habitado de todo el Valle de la Garcipollera. En la actualidad viven aquí unos diez vecinos. Accederemos a él desde la pista que une Castiello de Jaca con la ermita de Santa María de Iguacel.  

Valle de la Garcipollera Villanovilla

El lugar aparece documentado por primera vez en el año 1028. Más tarde, en 1188 la población fue motivo de trueque entre el rey Alfonso II, que la entregó al Monasterio de Santa Cruz de la Serós, a cambio de Aísa y Villanúa. Tras un periodo de señorío nobiliario recupera la condición de realengo a finales del siglo XIV, cuando Martín I la incorpora a la ciudad de Jaca.

La iglesia de Santa Eulalia es un sencillo edificio en pésimo estado de conservación, edificado en el siglo XVIII sobre un primitivo templo románico del que tan sólo se conserva el ábside. De planta rectangular, presenta una sola nave, con capillas a ambos lados, cubierta mediante bóvedas de cañón con lunetos. El altar mayor está decorado con un retablo barroco. En la Catedral de Jaca podemos contemplar una cruz procesional procedente de esta iglesia.

A principios de siglo XX la población vive su momento de máxima esplendor con un total de 57 vecinos, pero como el resto del valle fue abandonado en los años sesenta. Las propiedades nunca perdieron la titularidad de sus dueños, lo que provocó que con los años se hayan ido rehabilitando algunas casas y edificando otras.

Bescós de Garcipollera

A unos 5 kilómetros de Castiello de Jaca, en la misma pista que conduce hacia la Ermita de Santa María de Iguacel, junto a la estación experimental de ganadería de montaña, encontramos la antigua población de Bescós.

El pueblo está completamente en ruinas aunque no deshabitado, ya que se han rehabilitado algunas viviendas utilizadas por los guardas forestales y los trabajadores de las granjas. Pero no siempre fue así. Bescós fue la población de referencia del Valle de la Garcipollera durante el último milenio. En el siglo XI el Monasterio de San Juan de la Peña, que poseía varias tierras en la población, intentó apropiarse de su iglesia presentando dos documentos falsos fechados en los años 1014 y 1071 respectivamente.

En 1188, ésta fue donada junto con otras propiedades por el rey Alfonso II de Aragón al Monasterio de Santa Cruz de la Serós. A finales del siglo XV pertenecía a la Catedral de Jaca, dueña del lugar hasta la desamortización de Mendizábal, ya en el siglo XIX, época en la que contaba con 227 habitantes. El momento de máximo esplendor llegó a principios del pasado siglo XX, cuando 330 personas vivían en la población. A partir de este momento inicia su lento y triste declive que culminará con el abandono del pueblo en los años sesenta.

Bergosa de Garcipollera

Se trata de la única población de todo el Valle de la Garcipollera que no se expropió con motivo de la masiva plantación de pinos que se llevó a cabo en los años sesenta del pasado siglo para evitar la colmatación del Pantano de Yesa. Todavía hoy las casas son propiedad privada, e incluso se ha rehabilitado alguna como segunda residencia. En Castiello de Jaca, si alzamos la vista hacia el valle, encaramada en un paraje de agreste belleza podremos reconocer fácilmente los restos de la antigua iglesia de San Saturnino.

A unos tres kilómetros aproximadamente de Castiello de Jaca, a nuestra derecha aparece una pista donde podremos dejar el vehículo, iniciando en este punto la marcha a pie que nos conducirá hasta Bergosa.

Devorada por la vegetación podemos contemplar la iglesia de San Saturnino, se trata de un templo románico edificado durante el siglo XII, aunque muy modificado posteriormente. Todavía mantiene en pie la mayor parte de sus muros, pudiendo distinguir perfectamente la planta y el ábside junto a la torre del campanario.

La primera mención del lugar aparece en un documento del Monasterio de San Juan de la Peña fechado en el año 948, según el cual la población le pertenecía gracias a una donación. Más tarde fue señorío nobiliario, condición que no perdería hasta mediados del siglo XIX con motivo de la desamortización de Mendizábal. A principios del siglo XX contaba con unos setenta vecinos, pero como el resto del valle no fue inmune al proceso migratorio y se abandonó definitivamente en el año 1966.

A pesar del estado ruinoso de sus edificios, las calles permanecen limpias gracias a la colaboración de los antiguos vecinos, que cada año, con motivo de la festividad de su patrón, organizan un almuerzo popular.

Acín de Garcipollera

Como todos los pueblos del Valle de la Garcipollera, Acín fue abandonado durante los años sesenta para llevar a cabo una intensiva plantación de pinos, con la intención de que evitaran la colmatación del Pantano de Yesa, misión que no han cumplido como demuestra el proyecto de recrecimiento.

Tomando la pista que se adentra en el valle hacia la ermita de Santa María de Iguacel, desde el mismo camino podremos ver a nuestra izquierda la torre del campanario de la antigua iglesia de San Juan Bautista.

Se trata de un templo románico construido entre los siglos XII y XIII, en la actualidad casi completamente en ruinas, conservándose únicamente la torre, adosada en el siglo XVII, el ábside y los muros de la nave. Si prestamos atención, en el ábside, igual que en la Catedral de Jaca, podremos observar perfectamente la transición entre el arte lombardo (primer románico) y el románico.

Del resto del pueblo, que a principios del siglo XX contaba con una población de 140 habitantes, queda poco, tan sólo el dibujo de la planta de tres o cuatro casas y unos cuantos muros devorados por la vegetación. Durante todo el siglo XX el goteo de la migración fue constante, quedando unos 30 vecinos cuando se abandonó el valle a principios de los años sesenta. Más tarde el pueblo fue bombardeado durante unas prácticas militares.

Larrosa

Tras dejar atrás Acín, continuaremos por la pista hasta cruzar el río, y poco después, a nuestra derecha encontraremos una nueva pista cortada al tráfico desde donde tendremos que continuar a pie unos tres cuartos de hora. También podemos acceder a Larrosa desde la Ermita de Santa María de Iguácel.

Al fondo del Valle, tras atravesar magníficos pinares, donde es fácil encontrarse con rastros de ciervos o jabalíes, en un claro del bosque aparece, fantasmagórico, el pueblo de Larrosa. La sensación de nostalgia se apodera del visitante cuando pasea por las estrechas calles de lo que en otro tiempo fue un pueblo vivo. La iglesia de San Bartolomé, en la parte más elevada del pueblo, está fechada en el siglo XI. A pesar de su estado de ruina todavía es posible apreciar su estructura, de una nave rectangular rematada mediante ábside semicircular con elementos lombardos.

Tradicionalmente la población vivía de la agricultura, la ganadería y la explotación forestal. Contaba con servicio diario de correos, y gracias a un molino, en el año 1926 llegó la luz eléctrica. Hasta 1928 hubo una dotación de carabineros, y en esa misma época se restauró la vieja escuela que estuvo en funcionamiento hasta 1958. Entre los años 1957 y 1961 el pueblo es abandonado, momento en el que contaba con 57 vecinos y doce viviendas.  

Fotos del Valle de la Garcipollera

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Mapa del Valle de la Garcipollera