Que visitar en Jaca, monumentos

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Qué ver y visitar en Jaca, monumentos de Jaca

La ciudad de Jaca conserva una variada colección de monumentos pertenecientes a distintas épocas

Catedral de Jaca

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Ciudadela de Jaca o Castillo de San Pedro

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Puente de San Miguel

El puente de San Miguel es uno de los monumentos más emblemáticos de Jaca

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A las afueras de Jaca, junto a la carretera que conduce al Valle de Aísa, encontramos el puente de San Miguel, sin duda uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad. Recibe su nombre de una antigua ermita ya desaparecida que se levantaba sobre un promontorio en el margen derecho del río Aragón. No hay datos sobre la fecha de su construcción, aunque por su aspecto y estructura se cree que ésta se produjo durante el siglo XV.

Su longitud total es de 96 metros con un alzado asimétrico para salvar la diferencia de nivel. El arco central por donde discurre el cauce principal del río es acabado en punta, típico de los puentes medievales, con otros dos más pequeños a modo de aliviadero, para cuando el río aumenta su caudal.  

La construcción del puente debió representar una gran obra de ingeniería para la época y durante siglos, comunicó los valles del Pirineo occidental con Jaca, convirtiéndose en cruce de caminos y lugar de paso hacia la ruta principal del Camino de Santiago, que transcurre por la orilla izquierda del río, siendo utilizado durante siglos por los peregrinos que se dirigían por la ruta francesa del camino hacia Navarra.

Monasterio de las Benedictinas

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En el mismo lugar donde antiguamente se emplazaba el primitivo palacio real, adosado al único tramo de la muralla de Jaca que se conserva encontramos el Real Monasterio de las monjas Benedictinas, también conocidas como “las Benitas.”

Con el trazado de Jaca ya claramente definido, allá por el año 1077, el rey Sancho Ramírez decide trasladar la residencia real a una zona más céntrica, exactamente al solar ocupado en la actualidad por la Torre del Reloj. Años antes, su padre Ramiro I había establecido su castro real en el extremo oriental de la actual calle Mayor, conocida en aquella época como Decúmano.

Desde el Monasterio de Santa Cruz de la Serós, a instancias de rey Felipe II llega a Jaca en 1555 una congregación Benedictina, fundando un nuevo monasterio sobre la antigua iglesia subterránea de Santa María, también conocida como de San Salvador.

Un poco más tarde, en 1579 se amplía el recinto con la incorporación de la iglesia Alta o de San Ginés, cedida a la comunidad eclesiástica por esta cofradía. A consecuencia de la reforma y ampliación del año 1730 de la iglesia de San Ginés, tan solo se conserva la portada románica. En el interior podemos admirar el sarcófago de Doña Sancha, traído hasta aquí desde Santa Cruz de la Serós. Éste, es de piedra esculpida y está considerado como la obra maestra de la escultura funeraria aragonesa, y en él distinguimos desde motivos caballerescos hasta una alegoría del alma de la difunta transportada por dos ángeles.

Torre del Reloj

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La Torre del Reloj es también conocida como la Torre de la Cárcel o del Merino.

Fue construida en el año 1445 en el mismo solar que había ocupado hasta entonces el palacio de la monarquía aragonesa, destruido en el gran incendio que asoló Jaca en el año 1395. Esta torre gótica se edificó como solución provisional a la destrucción de las dependencias carcelarias de la Catedral de San Pedro. Ya una vez reconstruida la cárcel de la Catedral, la torre pierde su función principal pasando a convertirse en la Torre del Merino, recaudador de impuestos oficial y representante del rey en la ciudad. Después de  pasar por las manos de varias familias nobles jacetanas, la torre es adquirida por el Concejo de Jaca (ayuntamiento) en el año 1599, para convertirla nuevamente en dependencia carcelarias.

Con la intención de no depender del horario que dicta la catedral, el Concejo de Jaca decide instalar en la parte más alta de la torre un reloj, así como tres campanas que a partir de ese momento marcan los ritmos de la población local. Durante siglos la torre mantuvo su aspecto original, y cuentan las crónicas que durante la guerra de Independencia  fue el único edificio de la ciudad que se mantuvo intacto cuando ésta fue asolada por las tropas francesas. Más tarde, durante la guerra civil se volvió a utilizarse como cárcel. Durante los años 80, esta robusta torre gótica de planta cuadrada, fue sometida a una profunda rehabilitación.

Ayuntamiento de Jaca

El Decúmano atravesaba Jaca de este a oeste, y era sin duda el centro neurálgico en torno al cual giraba la vida en la vieja ciudad amurallada. En torno a él se fue modelando poco a poco el urbanismo medieval, llegando hasta nuestros días sin perder un ápice de importancia. Este antiguo vial, conocido en la actualidad como calle Mayor, sigue siendo la principal arteria comercial de la ciudad, y si paseamos por ella nos encontraremos con el edificio del ayuntamiento.

En el año 1486, y ante las nuevas necesidades de Jaca, el Concejo decide comprar un solar con la intención de construir las denominadas Casas del Concejo. En el lugar elegido hace más de quinientos años encontramos actualmente el ayuntamiento. A partir del año 1544, en plena expansión renacentista, se reordena todo el complejo, contratando para ello a varios canteros vascos que se encargan de la edificación el actual edificio.

La fachada, originalmente abetunada, es una excelente muestra del plateresco aragonés, donde destacan los zócalos, el arco semicircular junto al escudo de la ciudad. En el segundo cuerpo aparecen cinco ventanas arquitrabadas, en cuyos frontales encontramos las barras de Aragón. En la planta superior, más moderna, aparece una galería de arquería tradicional aragonesa. A mediados de la primera década del actual siglo XXI se limpió la fachada, dejando a la vista la piedra original, devolviendo de este modo todo el esplendor que merece esta construcción renacentista. En su interior se guardan varias joyas del arte aragonés, como las campanas de la Torre del Reloj, unas mazas de desfile del siglo XVI o el libro de la cadena, transcripción realizada en el siglo XIII del fuero otorgado por Sancho Ramírez a Jaca en 1077 y considerado el origen del Derecho aragonés.

Ermita de Sarsa

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Si paseamos por el Paseo de Invierno y nos asomamos al balcón que encontraremos a mitad de camino, tendremos unas magníficas vistas de la falda del Monte Oroel y la zona deportiva de Jaca. Un poco más al fondo, en la vertiente sur de la peña se construyó a mediados del siglo XII la pequeña ermita de Sarsa.

Ésta responde a los criterios del románico popular de la Jacetania, una pequeña nave rectangular cubierta a dos aguas por techumbre de madera. Una sencilla portada con tres arquivoltas de medio punto, de las cuales únicamente está decorada la central con bolas jaquesas, idénticas a las que podemos observar en la Catedral de Jaca, y que nos advierten de la influencia que ésta tuvo en el entorno. La sencilla ermita, hacía la función de iglesia parroquial y es el último vestigio de la pequeña aldea ya desaparecida de Villar de Sarsa.

En 1972 y ante su gran estado de degradación se decidió trasladar el pequeño templo a Jaca, ubicándose al final del Paseo de Invierno. Hay que señalar que su reconstrucción no fue lo más rigurosa posible con el diseño original. Se reorientó el ábside, se acortó la longitud de la nave y se eliminó una de las dos portadas originales, pese a todo se evitó que la pequeña ermita se perdiera para siempre.

Como anécdota, si visitamos el edificio del Ayuntamiento de Jaca, en la planta baja encontraremos un tímpano decorado con un bonito crismón esculpido que hasta hace unos años era de procedencia desconocida. Gracias al cotejo con fotografías antiguas, se ha podido comprobar que es el que antiguamente decoraba la portada de la ermita de Villar de Sarsa.

Iglesia de Santiago de Jaca

Paseando por el casco antiguo de Jaca, en la calle Ferrenal, la Iglesia de Santiago da nombre a uno de los barrios más antiguos de la población. En otra época acogió a comerciantes y artesanos, especializados en atender a los peregrinos que llegaban a la ciudad.

En el año 1088, el obispo de la diócesis mandó reconstruir la Iglesia de Santiago, que en aquel momento presentaba un estado ruinoso derivado de la invasión sarracena. Esto nos indica que ya había un templo anterior en este lugar, probablemente del siglo IX.

A principios del siglo XVIII se instaló una congregación dominica, que restauró y modificó considerablemente el deteriorado templo románico. De éste se conservan las bóvedas interiores, algunos tramos de la nave y el primer cuerpo de la torre del campanario. Con el paso de los años, el recinto se fue ampliando con la construcción de un monasterio en los terrenos anexos a la iglesia. En 1887 se cedió a la comunidad de Hermanas de la Caridad de Santa Ana, fundando éstas inmediatamente un colegio, que diez años más tarde se convertiría en internado. En 1971 se fusionan con el colegio de las Madres Benedictinas, naciendo de esta unión el Colegio Santa María, que es el que actualmente conocemos.

El interior de la iglesia ofrece una formidable colección de retablos que pertenecieron a otras iglesias de la diócesis, entre los que hay que destacar el Retablo de la Dormición de la Virgen, del siglo XVI y de estilo renacentista.

Iglesia del Carmen de Jaca

A las afueras de Jaca, en la actual ermita del cementerio, también conocida como Nuestra Señora de la Victoria, se establece en el año 1597 una congregación de la orden de los Carmelitas Descalzos. Unos años más tarde adquieren un local situado en la actual calle del Carmen, donde fundan un monasterio y construyen su iglesia.

Una bonita portada manierista de piedra labrada, fechada en el año 1657, nos da la bienvenida. Podremos observar en ella dos partes bien diferenciadas, una inferior con tres cuerpos toscanos y otra superior de orden Jónico, quedando ambas partes unidas por aletas, donde destacan dos escudos coronados. Rematando la fachada podemos observar un gran óculo que ilumina el interior. También cabe destacar la torre del campanario, única construida de las dos que en un principio se habían proyectado. Antiguamente, completaban la fachada varias estatuas que fueron retiradas a finales del siglo XIX con tal de protegerlas del progresivo deterioro.

El templo está compuesto por una planta de cruz latina con capillas a ambos costados del altar mayor, presidido éste por un magnífico retablo barroco del siglo XVII. A ambos lados de la nave principal, surgen otras capillas con varios retablos más del siglo XVIII.

En 1835 el templo es abandonado siendo ocupado cincuenta años más tarde por religiosas del Sagrado Corazón de María. Éstas, procedentes de Lérida se hacen cargo del antiguo monasterio y fundan un colegio destinado al cuidado y a la educación de niños y niñas huérfanos.

En el año 1930 se hacen cargo de la iglesia los Padres Capuchinos, pero sólo un año más tarde, y a consecuencia de la instauración de la república lo abandonan nuevamente. Regresan seis años más tarde permaneciendo en ella hasta 1999, año en el que los sacerdotes de la Iglesia de Santiago toman el relevo.

Fuerte de Rapitán

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La subida al Fuerte Rapitán es una de las excursiones más populares en Jaca. Junto al parking del hospital, tomaremos una estrecha carretera asfaltada que sube hacia la cima.

Durante el camino iremos encontrando señales de madera que nos muestran los senderos, más empinados pero también más agradables ya que discurren por el interior del bosque. Llegaremos arriba en unos 40 o 50 minutos. Un amplio sendero rodea el fuerte con vistas espectaculares.

El fuerte fue construido a finales del siglo XIX como parte de una red defensiva que se pretendía construir paralela a la línea internacional de ferrocarril Canfranc-Oloron.

El monte de Rapitán, gracias a su estratégica ubicación sobre el valle del río Aragón, la ciudad y la Canal de Berdún era el lugar idóneo para la construcción de la fortaleza. El estado destinó cerca de seis millones de pesetas y cabe destacar que durante casi dos décadas, unos doscientos jornaleros de la zona encontraron trabajo en su construcción, aliviando de este modo la precaria situación de la población local de Jaca, castigada en aquellos años por numerosas epidemias. De esta misma época son el fuerte de Coll de Ladrones en Canfranc y el de Santa Elena en Biescas.

En 1904 se terminaron las obras del fuerte, que en aquel momento contaba con once cañones de artillería defensiva. Pronto, la aparición de la aviación produjo grandes cambios en la estrategia militar, quedando desfasado para su uso inicial prácticamente desde su inauguración.

Durante la guerra civil sus fosos fueron testigos de múltiples fusilamientos, y más tarde, durante el régimen fascista del general Franco fue quedando paulatinamente en desuso. En 1978 es sometido a una importante restauración con la intención de convertirlo en residencia y centro cultural. En la actualidad se encuentra cerrado.

Ruta Modernista

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Paseando por el casco histórico de Jaca, podremos contemplar fachadas plagadas de pequeños detalles decorativos, donde rasgos del art Nouveau, el liberty italiano o el Sezesion vienés, se combinan perfectamente con elementos propios de la construcción pirenaica. El inicio del siglo XX trajo consigo la corriente artística que estaba triunfando del otro lado de los Pirineos. Por todos es conocido que el Modernismo arraigó especialmente en Catalunya, pero aunque en menor medida, también dejó huella en otras zonas de España.

En los albores del nuevo siglo, la población de Jaca superaba los cuatro mil habitantes, y era evidente que la ciudad necesitaba urgentemente una reestructuración. La eliminación de la muralla, de la que hoy sólo se conserva un tramo adosado al Monasterio de las Benedictinas, se consideraba básica para fomentar la higiene y la salud pública. El arquitecto Francisco Lamolla fue el encargado de proyectar la nueva ciudad, y para ello se inspiró en lo que había visto en el ensanche barcelonés. La nueva alineación de las calles trajo consigo un nuevo modelo de ciudad, y la burguesía local aprovechó la ocasión para edificar sus viviendas conforme a los nuevos gustos estéticos.

Junto a la Ciudadela, en el número 5 de la avenida del Primer Viernes de Mayo, podemos observar las sorprendentes molduras de la Casa Borau, claramente inspirada en la variante modernista conocida como Sezession vienesa. En el número 12, destacan las guirnaldas de la Casa Valero y justo al lado, encontramos Casa la Rubia, construida según el ejemplo de la famosa Casa de las Punxes barcelonesa. En la calle Mayor, nos detendremos en el número 17 para observar los elementos decorativos neogóticos de su fachada. Si accedemos al interior de la farmacia Borau, en el número 20, podremos contemplar muebles de la época perfectamente conservados.

La fachada del número 32, nos recuerda a la Alhambra, y su construcción está claramente inspirada en la arquitectura andalusí. Otro claro ejemplo lo encontramos en la Casa del Marqués de la Cadena, en la plaza de mismo nombre, con un modernismo manifiesto en sus balcones o en el mirador. Finalmente, en el número 10 de la calle Echegaray llaman la atención las rosas de su gran puerta de madera.

Finalizamos el recorrido visitando dos obras del genial arquitecto Francisco Lamolla. En el Paseo de la Constitución, encontramos el Seminario Conciliar, una simbiosis de estilos que combina ornamentos que van desde lo neomedievalista hasta lo neorenacentista, incluyendo también elementos modernistas. Al inicio de la avenida Nuestra señora de la Victoria, encontramos el antiguo matadero, de carácter civil y con magníficos detalles de forja, característicos de la arquitectura industrial de la época. Finalmente, cogeremos el coche para visitar la colosal Estación de Canfranc.

Qué visitar en Jaca, parques y jardines

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